Nuestra historia
De una pregunta incómoda a un movimiento
Foodie Angels nació de una pregunta que no me dejaba dormir: ¿cómo es posible que en mi barrio se tire comida mientras hay familias que no llegan a fin de mes?
No soy de una ONG. No vengo de la política. Soy una persona normal que un día decidió que quejarse no era suficiente. Empecé hablando con el dueño de un restaurante de mi calle y con una familia del portal de al lado. La primera entrega fue una bandeja de croquetas que sobraron del menú del día. La hice yo mismo, andando.
Esa bandeja de croquetas se convirtió en cientos de entregas. Los vecinos empezaron a sumarse: primero cinco, luego cincuenta, luego cientos. Sin publicidad, sin presupuesto, sin oficina. Solo personas que entendieron que esto tenía sentido.
Tuve que parar un tiempo por motivos personales. Pero el movimiento no paró. Los voluntarios siguieron. Las familias siguieron necesitándolo. Y la idea siguió creciendo en mi cabeza: esto puede ser mucho más grande. Esto puede llegar a cada barrio de cada ciudad.
Ahora estamos de vuelta. Con más claridad, más herramientas y la misma convicción del primer día: la comida no se tira, los vecinos se cuidan entre sí, y no hace falta dinero para cambiar las cosas.
"No quiero sacar nada económico de esto. Quiero demostrar que se pueden hacer las cosas de otra forma."



